“La distancia no salva a nadie”

CARLOS SAN DIEGO

Disperso. Derramado por todas partes. Dividido en millones de diminutas piezas, y en todas por igual. 

Ahora que ya estamos en el futuro y que lo que queda irremediablemente es seguir en esa lucha por exhibirse más que el prójimo, pasará que nadie notará que existe algo más del otro lado del monitor, del otro lado de la cama, del otro lado del teléfono. Del otro lado del horizonte. Incluso del otro lado del espejo.

Sucederá que todos terminarán por exhibirse solos, a sí mismos, sin que nadie pueda notarlos porque todos los otros estarán haciendo lo mismo. No lo sé. No es que sea una ciencia exacta.

Estos días tienen los bordes difusos, parecen una colección de sueños en tungsteno. Por eso me cuesta muchísimo trabajo asegurar algo. Cualquier cosa. Por muy tonta e inofensiva que parezca. 

Despierto. Las paredes blancas ya no lo son tanto. La habitación grande ya no lo es tanto. Y la misma mierda que intenta salir a flote, como verborrea incansable. 

Sigo disperso, derramado por doquier. Fraccionado en miles de millones de piezas diminutas en las que estoy a partes iguales. Exhibiéndome vulgarmente mientras intento todo lo contrario. Escribiendo contra el tiempo.

Creo haber soñado algo o alucinado:

Felices, mirábamos al cielo nocturno lleno de estrellas –1:55-. 16ºC a finales de febrero. Nosécuantos metros sobre el nivel del mar. Tiritando, sonriendo,
con una orquesta de grillos dirigidos por la brisa de la madrugada haciendo eco en las hojas de los árboles. Tendidos boca arriba. Jodidamente felices, hayquerepetirlo, como un par de carajitos exentos de culpas. Felices, inocentes y sin vergüenza. Exhibiendo nuestras almas desnudas.

No éramos los mismos, por supuesto. Éramos otros y yo me veía solo y me veía con ella. Y la beso mientras el sueño nos va ganando. Y cierro los ojos al hacerlo y me veo besarla y besarme. Y hace frío acá afuera. Luego ella dice algo que no alcanzo a oír. Estoy distante, sin redención y hace frío. Y todos los colores se van.

Y despierto del sueño, o vuelvo a mí.

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