Aprendimos a tolerar la espera

Las farmacias te obligan a esperar tu turno para preguntar por la disponibilidad de un medicamento. Toma un número y espera, haz la cola para preguntar. La dinámica también ha cambiado, todos los que esperan saben que la cola avanza más o menos rápido, porque se tarda poco en preguntar. Preguntan y no hay, preguntan y se van. En otras farmacias como Farmatodo o Locatel la dinámica es diferente: las personas están dispuestas a esperar para preguntar por lo que sea siempre que puedan pasear por los pasillos. Tomar esto o aquello mientras dan la vuelta y vuelven cuando la pantalla electrónica les muestra su número.
«Señora — dice una muchacha morena y bajita — , ¿tiene noséquécosa?» (No recuerdo lo que era, porque al principio no estaba prestando atención). Quien la atendió dice que no, pero la muchacha morena y bajita continúa y recita de memoria una lista de medicamentos (entre ellos, Valpron) y en sincronía la farmaceuta responde o mueve la cabeza en negativa. La muchacha dice «yo sé que no», sonríe y en su expresión hay un aire de resignación, «pero uno igual tiene que preguntar».

La muchacha intenta continuar «¿y tiene…?» pero la farmaceuta la interrumpe con un «ya no sigas nombrando más, porque no hay» y caigo en cuenta de que ella, la farmaceuta, no entiende cuando la muchacha morena y bajita dice que uno igual tiene que preguntar.

Yo la entiendo, porque también conozco esa certeza de saberse derrotado de antemano. La entiendo porque uno de mis sobrinos usa Valpron. A veces se le consigue inmediatamente y a veces no, pero casi siempre hemos tenido suerte para encontrarla. “Suerte”, me repito. Vaya forma de justificar el desastre. La entiendo también porque yo sé, mientras espero ser atendido, que me dirán que no hay, más de un año llevo escuchando lo mismo, pero igual uno pregunta. Uno tiene qué. Y el coro dice «no hay».

Juntos, en la misma espera, hemos aprendido a tolerar esa frustración: las opciones que se cierran, una por una, un martes en la tarde. Pero uno se recompone rápido, va a la siguiente farmacia y la función empieza otra vez.

Ya mañana es otro día. Nos aguarda otra espera. Con suerte, el desenlace será diferente.

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